
Tempestuosa tarde de verano
se escucha el aullido del viento
entre las hojas de lo árboles
que se mecen en un tétrico compás.
La lluvia golpea incesante
la roca fría
y se percibe el olor a tierra
mojada por un sin fin de lagrimas
que escurren del cielo.
Un frío inclemente
permea en la atmósfera
de esta estampa enmudecida.
Solo unos girasoles marchitos
acompañan su cuerpo inmóvil.
Pobres tristes ojos verdes...
¡Se les extinguió la vida!
Solo unos girasoles
secos, raidos, sin aroma
permanecen el campo santo
como único recuerdo
de palabras mudas
que ensordecieron el amor
que una vez intento germinar
en un corazón de acero.
se escucha el aullido del viento
entre las hojas de lo árboles
que se mecen en un tétrico compás.
La lluvia golpea incesante
la roca fría
y se percibe el olor a tierra
mojada por un sin fin de lagrimas
que escurren del cielo.
Un frío inclemente
permea en la atmósfera
de esta estampa enmudecida.
Solo unos girasoles marchitos
acompañan su cuerpo inmóvil.
Pobres tristes ojos verdes...
¡Se les extinguió la vida!
Solo unos girasoles
secos, raidos, sin aroma
permanecen el campo santo
como único recuerdo
de palabras mudas
que ensordecieron el amor
que una vez intento germinar
en un corazón de acero.
Ana S. Goyco Hollywood, Florida 18/julio/2004 Steel♥Girl Copyright © 2004

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