
Una fría noche de primavera,
la brisa azota inclemente
y se asoman las primeras gotas
de un fuerte aguacero.
Y estoy aquí,
sola,
sin ti,
en nuestro lecho de seda,
muerta de frío,
esperando,
deseosa de ti.
Siento de pronto,
un ensordecedor ruido,
es un gran trueno que cae
afectando el sistema eléctrico
dejándome en tinieblas.
Me siento sola,
tengo miedo
y muero de frío...
Enciendo unas velas e inciensos
que me reconfortan
mas no aniquilan en frío.
Doy mil vueltas,
impaciente,
entre las sabanas,
mi cuerpo te reclama,
mas no estas conmigo
y sigue esta tortura agonizante
entre el frío y la soledad.
Mi cuerpo se estremece
y tiembla incesante de frío,
de miedo, de deseos de ti.
La lluvia cae, me adormece y sueño...
Siento tus pasos aproximarse
y ese aroma de dioses que despide tu cuerpo.
Siento tu calidez y el suave toque de tus caricias
que recorren mi espalda desnuda.
Besas mi cuello y siento un escalofrío
que recorre mi nuca y enciende mi libido.
Siento tu respiración presurosa
que acrecienta mi respiración
y me hace exhalar de placer.
Te acuestas desnudo junto a mí
y me acaricias mientras me quedo inmóvil,
disfrutando del momento.
Mi corazón galopa desbocado,
ya no puedo contenerme mas
y me abrazo locamente a tu cuerpo.
Nuestras manos desesperadas
esculpen cada rincón de nuestros cuerpos.
La lluvia, los truenos, las velas y el incienso
quedan opacados por nuestros jadeos.
Devoramos sin piedad y sin medida
cada centímetro de nuestra piel.
De pronto, nuestras miradas se cruzan
delirantes de placer y entrega...
Sedientos de amor, nos besamos
en un beso infinito y desenfrenado,
entregando nuestras almas
y nuestras pasiones en absoluta rendición.
Prometiéndonos, en silencio,
unir nuestros destinos
y amarnos por siempre
a la vez que entrelazamos nuestros cuerpos
que estallan acompasados
en la danza frenética de la total entrega y el éxtasis.
Luego el silencio más absoluto
se apodera del recinto.
Las velas y el incienso, ya consumidos,
como nuestra pasión.
Ya no llueve,
en la atmósfera solo permea
la quietud y el silencio.
Prontamente, quedo cegada con una luz blanquísima
que me obliga inútilmente
a ver con claridad la cruda realidad...
Mi soledad…
¡Mi lecho quedo vacío desde que tu no estas!
la brisa azota inclemente
y se asoman las primeras gotas
de un fuerte aguacero.
Y estoy aquí,
sola,
sin ti,
en nuestro lecho de seda,
muerta de frío,
esperando,
deseosa de ti.
Siento de pronto,
un ensordecedor ruido,
es un gran trueno que cae
afectando el sistema eléctrico
dejándome en tinieblas.
Me siento sola,
tengo miedo
y muero de frío...
Enciendo unas velas e inciensos
que me reconfortan
mas no aniquilan en frío.
Doy mil vueltas,
impaciente,
entre las sabanas,
mi cuerpo te reclama,
mas no estas conmigo
y sigue esta tortura agonizante
entre el frío y la soledad.
Mi cuerpo se estremece
y tiembla incesante de frío,
de miedo, de deseos de ti.
La lluvia cae, me adormece y sueño...
Siento tus pasos aproximarse
y ese aroma de dioses que despide tu cuerpo.
Siento tu calidez y el suave toque de tus caricias
que recorren mi espalda desnuda.
Besas mi cuello y siento un escalofrío
que recorre mi nuca y enciende mi libido.
Siento tu respiración presurosa
que acrecienta mi respiración
y me hace exhalar de placer.
Te acuestas desnudo junto a mí
y me acaricias mientras me quedo inmóvil,
disfrutando del momento.
Mi corazón galopa desbocado,
ya no puedo contenerme mas
y me abrazo locamente a tu cuerpo.
Nuestras manos desesperadas
esculpen cada rincón de nuestros cuerpos.
La lluvia, los truenos, las velas y el incienso
quedan opacados por nuestros jadeos.
Devoramos sin piedad y sin medida
cada centímetro de nuestra piel.
De pronto, nuestras miradas se cruzan
delirantes de placer y entrega...
Sedientos de amor, nos besamos
en un beso infinito y desenfrenado,
entregando nuestras almas
y nuestras pasiones en absoluta rendición.
Prometiéndonos, en silencio,
unir nuestros destinos
y amarnos por siempre
a la vez que entrelazamos nuestros cuerpos
que estallan acompasados
en la danza frenética de la total entrega y el éxtasis.
Luego el silencio más absoluto
se apodera del recinto.
Las velas y el incienso, ya consumidos,
como nuestra pasión.
Ya no llueve,
en la atmósfera solo permea
la quietud y el silencio.
Prontamente, quedo cegada con una luz blanquísima
que me obliga inútilmente
a ver con claridad la cruda realidad...
Mi soledad…
¡Mi lecho quedo vacío desde que tu no estas!
Ana S. Goyco Hollywood, Florida 29/marzo/2004 Steel♥Girl Copyright © 2004

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